miércoles 12/5/21

El sindicalismo excluyente

El objetivo básico de las organizaciones sindicales es mejorar la situación de los trabajadores en todos los ámbitos y para ello debe compaginar varios factores y, sobre todo, tratar de que la mayoría de los representados comulguen con tus propuestas, porque si no va a ser difícil que te sigan cuando concretes una movilización.

La elección de la asamblea como órgano decisorio de los trabajadores es un elemento crucial para intercambiar puntos de vista y saber qué alcance tienen entre los miembros de la plantilla las posiciones de cada una de las organizaciones que dicen defender al empleado.

Por esa razón están tan mal vistos entre los ciudadanos los llamados sindicatos excluyentes que son aquellos que no saben cambiar de táctica cuando sus propuestas no tienen mayoría y no son aceptadas por el conjunto de las personas a las que están destinadas. Da lo mismo que la central sea la más radical del mundo o la más cercana a la patronal. Lo cierto es que su posición excluyente solo perjudica a los trabajadores.

Vamos con un ejemplo. En la empresa de amortiguadores Vauste, que antes se llamaba Tenneco y con anterioridad Armstrong se produjo un conflicto debido a la situación de déficit de la fábrica que la mayoría sindical (USO, UGT y Comisiones Obreras) resolvieron mediante un ajuste de empleo y la pérdida de 60 puestos de trabajo.

El matonismo de algunos trabajadores puso en peligro la paz laboral y, lo que es peor, la integridad de los parientes de afiliados a otras organizaciones.

Legítimamente, la Corriente Sindical de Izquierdas inició una serie de movilizaciones para revertir el acuerdo que no consiguieron su fruto y tensionaron el ambiente en la fábrica, lo que no fue óbice para que el acuerdo se firmara con la  mayoría del comité de empresa.

Se sucedieron las críticas sindicales, pero la radicalización de la CSI llegó a tal punto de que algunos de sus militantes increparon a sus compañeros de lucha, pero, peor aún, acudieron a los centros de trabajo de familiares de los otros sindicalistas para echarles en cara que sus parientes mantuvieran una posición distinta a la de ellos.

Afortunadamente, la sangre no llegó al río, pero el matonismo de algunos trabajadores puso en peligro la paz laboral y, lo que es peor, la integridad de los parientes de afiliados a otras organizaciones. Hace pocos días, además, la Justicia denegó a la Corriente Sindical de Izquierdas su recurso contra el ajuste acordado entre la empresa y la mayoría del comité.

Nadie puede estar orgulloso de firmar un acuerdo que suponga la pérdida de empleo. Pero a lo mejor es menos malo que el cierre total de las instalaciones si las causas económicas (veraces, por supuesto) así lo indican

Este tipo de peleas de cantina son muy bochornosas y dicen poco de quien las protagoniza. La Corriente Sindical de Izquierdas no solo no condenó los hechos, sino que reforzó la posición de los bronquistas. El sindicato tiene que aclarar si quiere seguir siendo la organización de la que su fundador, Luis Redondo se sentía orgulloso: combativo y reivindicativo, o parecerse al sindicato de transportes del mafioso Jimmy Hoffa, con los peligros que ello acarrea a la libertad sindical.

Nadie puede estar orgulloso de firmar un acuerdo que suponga la pérdida de empleo. Pero a lo mejor es menos malo que el cierre total de las instalaciones si las causas económicas (veraces, por supuesto) así lo indican. Porque, en ocasiones, lo bueno es peor que lo mejor.  

El sindicalismo excluyente
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