viernes 3/12/21

Queda muy poquito para las elecciones municipales y los partidos poco a poco van haciendo públicas sus candidaturas. Mientras los responsables locales de las organizaciones políticas se dedican a vestir el santo de su primer o primera espada (desarrollar el programa y la campaña, asesorar al candidato, contactar con los medios...) otros trabajan en la sombra.
Una candidatura es como una peli. Espero que el cinéfilo y mecenas parragués Miguel Ángel Aramburu esté de acuerdo conmigo en esta comparación. El candidato es el protagonista y las personas que figuran en los puestos de salida son los actores secundarios. El resto del listado estaría formado por los extras. Pues hoy quiero rendir tributo precisamente a estos últimos.
Vaya por delante que no me gustan nada los militantes de ningún partido. Sea el que sea. Suelo denominarlos “la masa borriquera” porque, aún criticando a sus líderes y reconociendo las fechorías que han llevado a cabo en el país y dentro de su partido, les votan una y otra vez. Y convendrán conmigo que hay que ser muy borrego para apoyar incondicionalmente a quien está destrozando tu partido y tu país y/o autonomía y municipio.
Aún así, debo admitir que “los extras” me merecen todos los respetos. Es difícil dar la cara políticamente en concejos tan pequeños como los nuestros, en los que el estigma ideológico te acompañará de por vida, más en el mal sentido que en el bueno. Esa valentía cobra aún mayor valor si tenemos en cuenta que no aspiran a ostentar ningún cargo, ni a emprender la carrera del señorito (la de Político) y tampoco pretenden ser remunerados porque son plenamente conscientes de que, a no ser que se obre un milagro, no van a resultar elegidos.
Esas personas, consideradas “de relleno”, acompañan a su líder local a sabiendas de que pintan, y van a pintar, poco o nada. Sin embargo, no se ofenden o se desentienden del asunto. Reparten folletos, pegan carteles, asisten a mítines... En realidad, son quienes dan sentido a la política. Son un soplo de aire fresco que silencia a quienes tendemos a la generalización cuando aseguramos que nuestros representantes “van a forrarse” y “son unos chorizos”. Porque incluso en la política hay clases y clases. Como suele suceder en la vida real, los de arriba apestan y los de abajo son dignos de admiración. El problema de España es precisamente ese, que las escobas se han convertido en reinas y las reinas en escobas. El mundo al revés.

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