jueves. 18.08.2022

“No sé cuántos trabajadores cobran menos de 1.000 euros. Si me hubieran avisado, me lo habría preparado”.  Esto dijo en la Junta el Presidente del Consejo Económico y Social (CES) de España, Marcos Peña. ¿Su sueldo? 4.500 netos al mes, 85.000 brutos al año. Lo hacía antes de alertar que los salarios de los trabajadores bajarían entre un 20 y un 30% por la robotización (¡a saber en qué estaba pensando al hablar de robots y salarios!). No pregunten qué es el CES ni a qué se dedica: Nos ha costado 10 millones de euros al año (y puede que sea la primera vez que oye hablar de él) y participan sindicatos, empresarios y representantes gubernamentales. Cada una de las 50 páginas que redactaron en 2015 analizando el mercado laboral, su función originaria, costó 16.000 euros.

Desgraciadamente, las palabras de Peña nos resultan familiares. Son frases de personas con grandes sueldos que han perdido el contacto con la realidad (y que abundan entre nuestros políticos). Dan consejos que ellos no se aplican. El 42% de los asturianos cobra menos de 1.000 euros al mes. Todo el mundo se alarma y los dirigentes del CES lo celebran. El politólogo Negri decía en los 70 que los Consejos Económicos y Sociales eran barracas corporativas sólo útiles «para asegurar un buen nivel de ingresos a los sindicalistas jubilados». Y ahí está la clave: los sindicatos empezaron la “concertación social” para acabar con los problemas económicos y laborales, pero los reprodujeron. Acabaron rehenes de la financiación pública que recibían de éste y otros chiringuitos (entre 1,5 y 2,5 millones de euros anuales en Asturias) y que sostenía estructuras mastodónticas de liberados. Tener más medios no les hizo representar mejor a los trabajadores. Sólo lucró a unos pocos, como Villa. Es curioso: el sindicalismo, ahora en su momento más bajo de legitimidad social, nació sin medios económicos y aun así creció y consiguió conquistas sociales. ¿Dónde se perdió el aliento utópico de transformar la realidad?

 Daniel Ripa es Diputado Regional de Podemos

 

Desalientos utópicos
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