Le pusieron de chupa de dómine por unas declaraciones sobre violencia de género que, en pleno siglo XXI, son demasiado vetustas (nunca mejor vocablo utilizado tratándose del alcalde de Oviedo) y se ha originado una polémica en la que intervino hasta el Gobierno de la nación y obligó al interesado a pedir disculpas y a admitir que sus palabras no fueron bien expresadas.
Al alcalde de Oviedo hay que darle un toque de atención, pero no es preciso que se le abronque de una manera muy irreversible.
Ya tenéis idea, me imagino, de lo que pasó. Con ocasión del asesinato de una mujer cubana en Langreo por su pareja y con motivo de una acción de concentración contra los crímenes machistas en la plaza del ayuntamiento ovetense, Alfredo Canteli, el presidente de la corporación, se atrevió a insinuar que cuando un hombre fuera asesinado, también habría que movilizarse lo mismo que se organiza cuando es una fémina la que sufre de maltrato y de violencia de género.
Le llovieron las críticas y dejó bien claro que no conoce a la perfección ni el feminismo ni las tendencias sociales de este primer tercio de siglo XXI. Cuando se dio cuenta, posiblemente porque alguien de su entorno se lo subrayó, pidió perdón y manifestó que, obviamente, estaba en contra del maltrato hacia las mujeres y de los crímenes machistas que se vienen produciendo en nuestro país, y en el mundo entero.
Es el típico español que lleva a sus visitas bombones de Peñalba y se los enjareta a su mujer, porque es ella la que tiene el detalle
Sinceramente, yo no creo que Alfredo Canteli sea un machista al uso y orgulloso de sus convicciones arcaicas. Es, sin embargo, un caballero de los de toda la vida, conservador hasta la extenuación, antiguo y muy primitivo que tiene las mismas ideas que tenían sus antepasados hace ya un siglo, por lo menos. El alcalde de Oviedo es de esas personas que se quitan el sombrero si ven pasar una procesión y besan la mano de una mujer que les es presentada, inclinando sobremanera su cuerpo. Es un tipo básico, aunque si me permitís, algo entrañable.
El planteamiento de Canteli sobre las relaciones entre hombres y mujeres no ha evolucionado con exceso. Es el típico español que lleva a sus visitas bombones de Peñalba y se los enjareta a su mujer, porque es ella la que tiene el detalle. Seguro que os acordáis cuando, a la hora de enumerar las actuaciones festivas de San Mateo, disparó, casi inconsciente, que iba a cantar Marta Sánchez “pa los paisanos”. Un servidor es capaz de borrarse del sexo masculino si se ve obligado a escuchar a la cantante de La Coruña la letra del himno nacional, compuesta por ella misma o por un cómplice sin escrúpulos.
Y claro que seguirá siendo machista, como lo somos la mayoría de los paisanos, a pesar de que tengamos en mente superar nuestras limitaciones.
A lo mejor hace unas décadas, Canteli hubiera reaccionado de mala manera si alguien le critica por su interpretación sobre los crímenes machistas y, sobre todo, por qué no es lo mismo el asesinato de un hombre por una mujer, que se pueden contar con los dedos de la mano, que los excesivos episodios de violencia de género que escandalizan a las gentes de buena voluntad. Su respuesta es señal de que hay, al menos, una mínima evolución en esta perspectiva.
Al alcalde de Oviedo hay que darle un toque de atención, pero no es preciso que se le abronque de una manera muy irreversible. Unas pequeñas clases de conocimiento del medio y una explicación, somera o profunda, según los casos, será suficiente para que se dé cuenta de que, en ocasiones, comparar unas muertes con otras es un error de consideración. Y claro que seguirá siendo machista, como lo somos la mayoría de los paisanos, a pesar de que tengamos en mente superar nuestras limitaciones.