Algo tienen las graduaciones que suelen provocar que las emociones estén a flor de piel. Para quienes se gradúan ese final es un comienzo lleno de ilusión, para padres y madres habitualmente supone darse cuenta del paso del inexorable paso del tiempo con esa mezcla agridulce que supone. Si a todo ello se suma que hay una silla vacía y una ausencia, la emoción no puede más que desbordar la celebración.
Así ha sido, precisamente, la graduación esta mañana de los alumnos del IES Rey Pelayo de Cangas de Onís. Y es que, entre ilusiones, los más de 70 alumnos que hoy han dicho adiós al que ha sido el primer centro de estudios de su adolescencia han tenido un momento para recordar a Pablo Torroba. Mucho más que un compañero de promoción, un amigo al que un accidente arrebató la vida y que hoy ha estado más presente que nunca.
Dos compañeros, Diana Mendoza Blanco y Alberto González Miyar, han sido los valientes responsables de leer un texto, cada uno uno, que hablaba en nombre de los 70 alumnos y que ha provocado, en un salón de actos abarrotado de familias y amigos, mucha emoción.
Tras el acto y las pertinentes fotos, los ya exalumnos acompañados de unos 15 profesores compartieron mesa y comida para sellar la despedida de una etapa que, hoy ha quedado claro, ha marcado sus vidas.
El homenaje de Diana Mendoza Blanco a Pablo Torroba
«Bueno, estamos llegando a la parte más dolorosa de esta graduación, así que id sacando pañuelos. Hoy celebramos el cierre de una etapa, un día de alegría por todo lo que hemos logrado. Pero también, en medio de esta alegría, guardamos un momento especial para recordar a alguien que debía estar aquí con nosotros y que se fue ya hace un año y ocho meses y que nos ha dejado mucha huella en los corazones y sobre todo allá donde pisó.
Pablo, hoy tendrías que estar aquí graduándote con nosotros, y queremos tenerte más presente hoy de alguna manera y por eso vamos a hacerte este homenaje. Pablo siempre fue un crío de 10, como pudimos comprobar todos, y creemos que te mereces más que esto, pero no pudimos hacer más y tampoco queremos remover mucho el pasado porque ya sabemos que todos lo pasamos muy mal.
Fuiste muy importante en mi vida y, aunque no estés presente, siempre te recordaré como tú eras. Nos hubiera encantado que te graduases con nosotros como te tocaba, pero la vida no lo quiso igual. Y siempre te vamos a recordar con esa sonrisa en la cara.
Más que un compañero, fuiste un amigo y una inspiración. Tu risa, tus ganas de vivir y tú forma de hacer que los días difíciles fueran mejores, quedarán con nosotros para siempre.
Gracias por habernos regalado tu luz. Hoy, más que nunca, sabemos que no se trata solo de llegar, sino de quiénes nos acompañaron en el camino. Y tú, gran amigo, nos acompañas por siempre».
El discurso de Alberto González Miyar
«No sé casi ni por dónde empezar, nunca imaginé que tendría que estar leyendo esto, pero bueno supongo que la vida es así.
Pablo, eras ese amigo que yo creo que toda persona quiere tener, no tengo palabras para agradecer todo lo que hiciste por mí y a veces no soy consciente de la suerte que tuve de ser tu amigo, siempre eras el primero que me daba la mano en los días más grises y siempre me dabas consejos de cómo salir adelante, y me sigo acordando de ellos. Celebrabas mis logros como si fueran los tuyos y, cuando ocurría el milagro de que metiera un gol, eras el primero que venía a felicitarme y ahora siempre que meto uno eres el primero de quien me acuerdo, y por eso siempre que marco señalo al cielo para acordarme de ti y de los que no están y que hoy deberían estar viendo cómo me gradúo,
Quiero que entendamos con este mensaje que tenemos que disfrutar de las personas que tenemos porque no sabes si van a estar mañana.Y si esas personas se van no hay que estar tristes, hay que llorar lo que haya que llorar y estar agradecidos por haber sido parte de su vida
Y como suelen decir muchos no llores porque se terminó, sonríe porque sucedió».