El pasado fin de semana se inauguraba, con la presencia del presidente del Principado Adrián Barbón y otras autoridades, el tramo de la AS-17 entre Bobes y San Miguel de la Barreda, en Siero, un tramo de aproximadamente dos kilómetros de longitud y con un túnel de 355 metros que ha supuesto una inversión de 27 millones de euros y dos años de trabajos. Un día de felicidad, importante para la nueva configuración en las comunicaciones en nuestra región y que sirvió para que el presidente Barbón reivindicara las grandes obras de infraestructura que han salido adelante en Asturias bajo su mandato.
Entre tanta alegría, los habitantes de San Miguel de la Barreda, se levantaron dándose cuenta de que su pueblo había quedado completamente aislado a consecuencia de la obra, que bordea el pueblo y que deja a los hosteleros de la zona, y a los residentes, completamente fuera de juego. Sólo hace falta circular por el viejo trazado que une Avilés con Riaño, a la altura del Polígono de Bobes y hasta la entrada a Argüelles, un tramo con una alta densidad de tráfico que el nuevo desdoblamiento ha absorbido. En principio, parece que el plan no tiene aristas: una vía rápida que sea capaz de asumir el paso de más de 10.000 vehículos al día y parte del tráfico pesado que ahora circula por vías convencionales de Siero, debería contentar a todo el mundo. Pero no es así.
César Solís, portavoz de la Asociación de Vecinos de San Miguel, denunciaba que «en la obra han dejado cerrado el acceso de la AS-17 para San Miguel y, para llegar, hay que dar un rodeo de 2 km para ir a Pola de Siero o Argüelles y si vienes de Langreo, lo mismo. Tenemos el problema del transporte público y el escolar, que empezará en septiembre. Ese nuevo ramal no tiene conexión con el pueblo. Así que estamos a expensas de tener una reunión con el alcalde de Siero para ver qué soluciones puede haber. Tiene que ayudarnos porque, si no lo hace, vamos mal».
Otra de las quejas de los vecinos es que no hay ninguna señalización del pueblo: «el que sabe dónde está San Miguel, nada, pero el que no sepa donde está no llega porque, ahora, San Miguel no existe para los políticos. Es una discriminación muy grande hacia nosotros» comentaban algunos de los vecinos que se reunieron en la concentración.
María Jesús Fanjiul regenta un conocido bar de la zona y decía sentirse en shock con lo ocurrido: «no lo llevo. Estoy dando empleo a seis familias y estoy viendo que voy a tener que cerrar. Quedamos encerrados. A esta hora el local debería estar lleno de los camioneros y obreros que vienen a comer el pincho. Y no hay nadie». El establecimiento, que también tiene hotel, puede sufrir también las consecuencias del nuevo trazado: «tendré que ponerme de guardia en una esquina para indicarles por dónde se llega. Cuando vimos el proyecto estábamos tranquilos porque vimos el enganche de las dos rotondas. Pero lo que han construído no tiene nada que ver»
En la misma posición se encuentra Sandra Escandón, dueña de un taller «de los de toda la vida y que con esta nueva disposición queda completamente anulado. Mucho apoyo a las multinacionales pero para los pequeños negocios del pueblo, nada. Es imposible. Esto se va a convertir en un pueblo fantasma: nadie va a saber dónde está San Miguel de la Barreda».