En 2025, las averías de coche siguen siendo una preocupación cotidiana para muchos conductores, con cientos de miles de asistencias en carretera cada año. La falta de mantenimiento regular y la mayor antigüedad de los vehículos son factores clave que disparan estos incidentes. De hecho, el parque automovilístico español tiene una edad media de 14,5 años (una de las más altas de Europa), lo que incrementa la probabilidad de fallos mecánicos si no se cuida el coche. A continuación, presentamos las 5 averías más comunes en 2025 –incluyendo batería, frenos, electrónica, neumáticos y motor– explicando por qué ocurren, cómo reconocer sus señales tempranas y, sobre todo, cómo prevenirlas con un mantenimiento adecuado. El objetivo es que puedas evitar quedarte tirado en la carretera y prolongar la vida útil de tu vehículo.
1. Batería descargada o defectuosa
La batería sigue liderando el ranking de averías. Según datos recientes, casi la mitad de las incidencias en carretera (44%) se deben a fallos de la batería de arranque. Este componente tiene una vida útil limitada (por lo general 3 a 5 años) y puede fallar sin previo aviso cuando está cerca del fin de su ciclo. Las causas comunes incluyen el desgaste natural, las temperaturas extremas (calor o frío) y descuidos como dejar luces o dispositivos encendidos con el motor apagado.
Señales de alerta:
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Dificultad o lento arranque del motor, especialmente en frío.
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Atenuación de luces (faros o del tablero) al intentar arrancar, indicando baja carga.
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Testigo de batería encendido en el panel de instrumentos de forma persistente.
Cómo prevenir:
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Revisión periódica: Comprobar el estado de la batería en cada mantenimiento (al menos una vez al año) y medir su carga para anticipar un posible fallo.
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Evitar consumos innecesarios: No uses sistemas eléctricos (radio, luces interiores, climatización) con el coche apagado durante mucho tiempo. Esto reduce descargas profundas que acortan la vida de la batería.
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Sustitución proactiva: Cambia la batería alrededor de los 4-5 años de uso, sin esperar a que falle por completo. Utiliza una batería de calidad adecuada a tu modelo; por ejemplo, las principales marcas están disponibles en plataformas de confianza como https://trodo.es/, donde puedes adquirir recambios de alta calidad para garantizar un rendimiento óptimo.
2. Desgaste o fallo en el sistema de frenos
Los frenos son esenciales para la seguridad, y sus averías representan aproximadamente 1 de cada 10 reparaciones en talleres. El uso constante provoca desgaste de pastillas y discos, y componentes como la bomba, cables o pinzas pueden presentar fallos. Una falta de mantenimiento en este sistema aumenta el riesgo de perder eficacia de frenado gradualmente, algo muy peligroso en la conducción diaria.
Señales de alerta:
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Chirridos o sonidos metálicos al frenar, síntoma típico de pastillas desgastadas que rozan el disco.
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Vibraciones en el pedal o volante al frenar, que pueden indicar discos deformados o desgaste irregular.
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Pedal esponjoso o que se hunde en exceso, señal de posible aire en el circuito o líquido de frenos deteriorado (incluso alguna fuga). Además, un nivel de líquido de frenos anormalmente bajo activará el testigo en el tablero.
Cómo prevenir:
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Revisiones periódicas de frenos: Inspecciona las pastillas y discos cada 10.000-15.000 km (o según indique el fabricante) y cámbialos cuando alcancen su grosor mínimo. No apures las pastillas hasta el límite.
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Cambiar el líquido de frenos: Es recomendable renovar el líquido cada 2 años aproximadamente. Un líquido en mal estado pierde eficacia y puede causar corrosión interna.
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Atención a las señales: Si escuchas ruidos anómalos o notas pérdida de eficacia, acude pronto al taller. Ignorar estos síntomas agrava el daño. Al reemplazar piezas, elige recambios de calidad (por ejemplo, pastillas y discos de primeras marcas) para asegurar un rendimiento óptimo de frenado.
3. Fallos en el sistema eléctrico y electrónico
Los coches modernos integran multitud de sistemas eléctricos y electrónicos (alternador, motor de arranque, centralitas, sensores, fusibles, etc.), por lo que no es de extrañar que supongan una parte importante de las averías. De hecho, alrededor de 10,5% de las asistencias en carretera se deben a fallos de componentes eléctricos como el alternador o el motor de arranque, así como problemas de alumbrado. Además, las averías electrónicas puras (fallos de centralitas, sensores, sistemas ADAS) representan otro 7% de visitas al taller. Estas averías pueden provocar desde que el coche no arranque, hasta el encendido de luces de advertencia en el panel o un funcionamiento errático de ciertos dispositivos.
Señales de alerta:
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Luces del tablero encendidas: Testigos de fallo motor, airbag, ABS u otros sistemas electrónicos indican que algo no funciona correctamente.
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Problemas al arrancar o electricidad inestable: Un clic sin arrancar puede apuntar al motor de arranque; faros que parpadean o se atenúan al ralentí pueden indicar un alternador débil.
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Accesorios que no funcionan: Elevalunas, cierres, limpiaparabrisas u otros elementos eléctricos que fallan de repente pueden implicar fusibles quemados o conexiones defectuosas.
Cómo prevenir:
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Mantenimiento del alternador y batería: Revisa en cada servicio que el alternador cargue correctamente la batería. Un alternador defectuoso acorta la vida de la batería, así que reemplázalo si no mantiene la carga adecuada.
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Cuidado con la electrónica añadida: Si instalas accesorios eléctricos (luces extra, equipos de sonido, etc.), hazlo con fusibles adecuados y evitando sobrecargar el sistema original. Un mal montaje puede causar cortocircuitos.
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Diagnóstico profesional temprano: Ante cualquier testigo encendido o anomalía eléctrica, utiliza un escáner OBD o acude a un especialista para diagnosticar la causa. Intervenir a tiempo en un sensor o cableado en mal estado puede evitar averías mayores. Recuerda no manipular la electrónica del coche sin conocimientos; es mejor confiar en profesionales para reparaciones en estos sistemas delicados.
4. Neumáticos en mal estado o pinchazos
Los neumáticos son el único contacto directo del coche con la carretera y ocupan un lugar destacado entre las averías más comunes. Un pinchazo o reventón puede dejarte inmovilizado al instante, y circular con neumáticos desgastados o con la presión incorrecta aumenta el riesgo de sufrir incidentes. Se estima que cerca del 9-10% de las asistencias en carretera en coches de combustión se deben a problemas con los neumáticos (pinchados o dañados). En vehículos eléctricos la incidencia es incluso algo mayor, debido al peso: 1,3 averías por cada 1.000 EV frente a 0,9 por cada 1.000 coches de gasolina.
Señales de alerta:
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Testigo de presión de neumáticos encendido en el tablero (TPMS) o sensación de vibración en marcha, lo que puede indicar una rueda desinflada o desequilibrada.
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Desgaste irregular o excesivo en la banda de rodadura (profundidad de dibujo por debajo de 1,6 mm legalmente). Si ves zonas lisas o el alambre interno, el neumático está muy comprometido.
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Bultos, cortes o grietas visibles en el lateral de la cubierta, señales de daños estructurales que pueden provocar un reventón.
Cómo prevenir:
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Comprobación de presión y dibujo: Verifica la presión de los neumáticos al menos una vez al mes y antes de viajes largos, ajustándola a los valores recomendados por el fabricante. Revisa también la profundidad del dibujo; ante un desgaste cercano al límite (1,6 mm) o irregular, sustituye las cubiertas sin demora.
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Alineación y equilibrado: Realiza la alineación de la dirección y el equilibrado de ruedas periódicamente (por ejemplo, cada 10.000 km o si notas el coche “tirar” hacia un lado). Un correcto alineado previene desgastes anómalos del neumático.
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Evitar malos hábitos: Intenta no golpear bordillos ni baches a alta velocidad, y no sobrecargues el coche por encima de los límites; estos factores pueden dañar internamente las ruedas. Llevar un kit antipinchazos o rueda de repuesto en buen estado también te sacará de apuros en caso de pinchazo.
5. Averías en el motor y sistema de propulsión
El motor de combustión (y sus sistemas asociados: inyección, encendido, distribución, etc.) es un conjunto complejo y sufre desgaste con los años. Problemas de motor como fallos en sensores de gestión, bomba de combustible, sobrecalentamientos o pérdidas de compresión representan aproximadamente 22-23% de las averías atendidas por los servicios de asistencia, situándose entre las causas más costosas y graves. Un motor averiado puede dejar el vehículo inutilizable y con reparaciones de elevado coste si, por ejemplo, se rompe la correa de distribución o gripan componentes por falta de lubricación.
Señales de alerta:
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Testigo de fallo motor (check engine) encendido en el cuadro, que puede indicar desde un sensor defectuoso hasta problemas de combustión.
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Pérdida de potencia, tirones, consumo de aceite excesivo o humo anómalo por el escape (azul, blanco o negro), síntomas claros de que el motor no funciona correctamente.
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Refrigeración deficiente: Aguja de temperatura del motor subiendo más de lo normal, o fugas de líquido refrigerante, pueden anticipar un sobrecalentamiento inminente.
Cómo prevenir:
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Mantenimiento rutinario: Respeta los intervalos de cambio de aceite (por tiempo o kilómetros) y sustitución de filtros (aceite, aire y combustible). Una buena lubricación y filtrado evitan el desgaste prematuro interno.
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Sistema de refrigeración en forma: Comprueba el nivel de anticongelante regularmente y reemplázalo según las recomendaciones (suele ser cada 2-5 años). Mantén el radiador limpio y verifica que el ventilador funcione; un motor frío es un motor saludable.
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Distribución y otros componentes: Cambia la correa de distribución y la bomba de agua en los plazos indicados por el fabricante (por ejemplo, cada 100.000 km, según modelo). Del mismo modo, revisa bujías, cables de encendido (en motores de gasolina) y limpia o reemplaza inyectores en motores diésel cuando corresponda. Este cuidado integral del motor previene averías catastróficas y prolonga su vida útil.
Conclusión
En resumen, prevenir averías comunes en tu coche está al alcance de cualquiera si sigues unas pautas básicas de mantenimiento y estás atento a las señales tempranas. Gran parte de los problemas mecánicos surgen por descuido o por postergar las revisiones, algo que, como hemos visto, puede terminar costando muy caro tanto en reparaciones como en seguridad. Por ello, sé proactivo: invierte tiempo en revisar tu vehículo periódicamente, y ante el menor indicio de anomalía, actúa antes de que se agrave. Asimismo, asegúrate de utilizar repuestos de alta calidad en cada sustitución; optar por piezas fiables (disponibles en sitios de confianza como trodo.es) te garantiza un mejor desempeño y durabilidad. Con un coche bien mantenido y piezas de calidad, reducirás significativamente las posibilidades de sufrir una avería inesperada en carretera, ganando en tranquilidad y seguridad en cada desplazamiento. ¡Tu vehículo –y tu bolsillo– lo agradecerán!