Tradición e innovación: la tecnología digital está cambiando la vida en el oriente de Asturias
El oriente de Asturias, con sus pueblos marineros, valles ganaderos y una demografía cada vez más envejecida, vive hoy una transformación silenciosa: la digitalización. Durante años, internet y los smartphones parecían territorio exclusivo de la juventud urbana; sin embargo, en esta franja del Principado la tecnología ha empezado a tejer nuevos lazos sociales, a simplificar trámites cotidianos y a abrir puertas a servicios antes lejanos. La cuestión clave no es sustituir la tradición, sino integrarla: que la cultura local, los ritmos de la aldea y las formas de encuentro de toda la vida encuentren su reflejo y su impulso en lo digital, sin perder identidad. Ahí entra en juego la alfabetización digital como herramienta de cohesión, autonomía y bienestar.
A lo largo de los últimos años, el oriente de Asturias ha visto cómo la cobertura de banda ancha mejora, cómo las administraciones públicas aceleran su relación electrónica con la ciudadanía y cómo los mayores se interesan por aprender a enviar una foto por WhatsApp, pedir una cita médica en línea o consultar una videollamada con un nieto que trabaja en Gijón, Madrid o en el extranjero. Cada pequeño gesto tecnológico, cuando se asienta sobre la realidad social del territorio, tiene un efecto multiplicador: menos desplazamientos innecesarios, menos sensación de aislamiento, más seguridad a la hora de resolver gestiones y, también, nuevas oportunidades de ocio compartido.
Internet como herramienta social no solo para los jóvenes
Internet ya no es un parque digital cerrado a los nativos tecnológicos. En el oriente asturiano, cada vez más asociaciones vecinales, centros sociales y bibliotecas municipales organizan talleres de iniciación para personas mayores: desde “primeros pasos con el móvil” hasta “cómo reconocer bulos y proteger tus datos”. Estos espacios cumplen una doble función: transmiten competencias prácticas y, a la vez, refuerzan el sentimiento comunitario. Aprender juntos, sin prisas y con ejemplos cercanos, reduce la brecha de confianza que a menudo es más grande que la brecha técnica.
La sociabilidad digital, bien orientada, amplía los círculos tradicionales. Grupos de mensajería para coordinar una romería, avisos de marineros sobre el estado del puerto, listas de compra colaborativas para quienes no pueden salir en días de temporal, o redes de intercambio de productos locales entre parroquias: son usos sencillos que, sin embargo, alivian la soledad, democratizan la información y redistribuyen el esfuerzo cotidiano. También facilitan la participación cívica: reuniones vecinales por videollamada cuando el tiempo o la salud no acompañan, formularios en línea para propuestas municipales, encuestas rápidas para priorizar arreglos en caminos o alumbrado.
Además, la conexión digital acerca generaciones. Nietos que comparten vídeos y fotos de su vida diaria, llamadas de voz que se convierten en videollamadas espontáneas, álbumes en la nube con recuerdos familiares, o incluso partidas en línea de juegos de mesa tradicionales adaptados al móvil. Esa continuidad afectiva, mantenida con gestos breves y frecuentes, puede ser decisiva para el ánimo de quienes viven solos o lejos de sus seres queridos.
De la petanca asturiana a los juegos digitales
La petanca, las cartas, los juegos de mesa: en un territorio como el asturiano representan momentos de socialización y de pertenencia. Aún hoy no es raro ver a grupos de mayores pasar las tardes en la plaza o en los bares, entre partidas y conversaciones. Pero lo digital ha traído una transformación también aquí. Juegos que antes requerían la presencia física alrededor de una mesa ahora están disponibles en versión online.
No se trata solo de videojuegos modernos, sino también de adaptaciones de los grandes clásicos. Como el blackjack online, que de juego de cartas tradicional ha encontrado una nueva vida en las plataformas digitales. Sin llegar a ser el centro de la socialización, estas herramientas representan de todos modos un puente entre pasado y presente: el mismo desafío entre estrategia y suerte que antes se vivía en compañía, hoy se puede revivir también en la pantalla de un smartphone con el mejor blackjack online, donde las dinámicas del juego se presentan de forma cada vez más intuitiva y accesible.
Por qué la digitalización es útil
La utilidad de la digitalización en el oriente de Asturias se aprecia, sobre todo, en tres ámbitos: salud, administración y economía cotidiana.
1) Salud y cuidados. La telemedicina y la cita previa en línea reducen desplazamientos, tiempos de espera y costes asociados, algo crucial en concejos con orografía compleja. Un tensiómetro conectado o un pulsioxímetro que comparte datos básicos con el centro de salud puede anticipar visitas necesarias y evitar otras. La videollamada con un profesional sanitario para resolver dudas simples evita que la persona mayor interrumpa su rutina o dependa de terceros para acudir al ambulatorio. Además, plataformas de seguimiento de tratamientos —recordatorios de medicación, alertas de renovación de recetas— refuerzan la adherencia terapéutica.
2) Administración y servicios públicos. La relación electrónica con el Ayuntamiento o con el Principado simplifica certificados, empadronamientos, tasas, licencias menores o solicitudes de ayudas. Para que funcione, es esencial una capa pedagógica: puntos de apoyo ciudadano que acompañen en la obtención del certificado digital, ‘cl@ve’ o similares, y que ofrezcan talleres prácticos con casos reales. Cuando la ciudadanía percibe la utilidad directa —“resolví mi trámite desde casa en diez minutos”— crece la confianza y disminuye la resistencia.
3) Economía del día a día. La banca digital, usada con seguridad, evita colas y desplazamientos, permite enviar y recibir dinero entre familiares de forma inmediata y ayuda a controlar gastos. En el comercio local, la presencia mínima en internet —un horario actualizado, un número de WhatsApp para pedidos, un catálogo sencillo— puede marcar la diferencia en temporada baja. Algunos productores artesanales han empezado a vender cestas de quesos o sidra a través de redes sociales, combinando recogida en tienda con envíos puntuales. No se trata de “amazonizar” la aldea, sino de sumar canales a la relación de confianza de toda la vida.
La digitalización también fortalece la resiliencia. Ante cierres temporales, temporales marítimos o emergencias, disponer de canales verificados para difundir información oficial, coordinar voluntariado o sostener redes de apoyo mutuo agiliza la respuesta y reduce la incertidumbre. Y desde la perspectiva cultural, digitalizar archivos locales —fotos antiguas, testimonios orales, cancioneros— crea memoria compartida accesible para las nuevas generaciones.
Por supuesto, hay riesgos: fraudes, desinformación, pérdida de privacidad o dependencia excesiva de plataformas. Por eso, la alfabetización debe incluir higiene digital: contraseñas robustas, verificación en dos pasos, reconocer enlaces sospechosos, ajustar la privacidad y, sobre todo, ejercer el sentido crítico. La tecnología suma si se usa con criterio, acompañamiento y límites claros.
Un desafío para el futuro del oriente de Asturias
La gran pregunta es cómo garantizar que esta transición sea equitativa, identitaria y sostenible. Equitativa, porque no todas las parroquias tienen la misma cobertura ni todos los hogares la misma capacidad económica para contratar internet o renovar dispositivos. Identitaria, porque el éxito no consiste en imponer hábitos urbanos, sino en traducir lo digital al lenguaje de la vida rural y marinera. Sostenible, porque la formación no puede ser un fogonazo: debe convertirse en un servicio continuo, con monitores formados, contenidos actualizados y evaluación periódica.
Algunas líneas de acción pueden marcar la diferencia:
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Infraestructura a medida del territorio. Impulsar conexiones estables en zonas dispersas, combinando fibra donde sea viable con soluciones inalámbricas o satelitales de última generación. La conectividad es el cimiento: sin ella, todo lo demás es decorativo.
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Alfabetización intergeneracional. Programas donde jóvenes enseñan a mayores y mayores transmiten saberes locales a través de soportes digitales. Ese intercambio reduce prejuicios y refuerza el orgullo de pertenencia.
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Puntos de apoyo permanentes. Bibliotecas, telecentros o centros sociales con horarios amplios, personal de referencia y pequeños laboratorios de experimentación (desde trámites en línea hasta edición de fotos antiguas o creación de podcasts sobre historias locales).
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Economía local conectada. Acompañamiento a comercios y productores para crear su “mínimo digital viable”: ficha actualizada, mensajería de pedidos, pasarela de pago sencilla, calendario de eventos y temporada. No hace falta una tienda en línea compleja; a menudo, un canal de comunicación claro es suficiente.
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Cultura y turismo responsables. Digitalizar rutas, tradiciones y fiestas para facilitar su difusión, siempre con control local sobre el relato. Un visitante informado respeta mejor los espacios y valora el patrimonio.
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Ética y seguridad. Talleres recurrentes sobre privacidad, uso responsable de datos y verificación de fuentes. La confianza es tan importante como la conectividad.
Mirando a medio plazo, el oriente de Asturias puede convertir la digitalización en un activo estratégico para fijar población, mejorar servicios y atraer talento de retorno. Profesionales que teletrabajan, familias que buscan calidad de vida, jóvenes que emprenden proyectos híbridos (agroturismo + contenidos digitales, transformación alimentaria + venta directa en línea) encontrarán un ecosistema propicio si la comunidad dispone de conectividad, competencias y redes de apoyo.
La clave, en definitiva, es sumar sin restar. Mantener las bocas de riego comunitarias, las partidas de cartas, las fiestas de prao y los cantares de chigre, mientras añadimos videollamadas con los que están lejos, gestiones en línea que ahorran esperas, y espacios digitales donde preservar y compartir la memoria. Tradición e innovación no son polos opuestos: son dos manos que, juntas, pueden sostener el futuro del oriente asturiano.

