martes 31.03.2020
OPINIÓN

Cuando muere un parroquiano y vecino

Y en Fíos murió, no una buena persona, muchísimo más que buena

 

Esta pasada semana murió un parroquiano de Fíos y de El Fielato. Mis parroquianos son los numerosos lectores que semana a semana siguen mis cosuques. Unas veces duras, otras de denuncia sobre mil abusos terrenales y, la mayoría, cosuques que deben de gustar, a decir de muchísimos lectores parroquianos.

Y en Fíos murió, no una buena persona, muchísimo más que buena. Eso que ahora se puso de moda calificar como “lo siguiente”, en clara alusión a ser mucho mayor (buena no, lo siguiente). Le llamaba todo el mundo el “Nene de Fíos”, de quien aprendí multitud de cosas, sobremanera, su modo de entender este ciclo vital que hace unos días concluía para él.

De ello, del ciclo vital, hablamos mucho. Recorrimos varias veces el suyo y el mío. Opinaba que yo había hecho muchas cosas en las últimas décadas en Fíos. Yo creo que él hizo muchísimas más, pero la gran diferencia es que sus cosas, sus acciones, siempre iban acompañadas de bondad y buen criterio. “Si yo no hubiera estado enfermo, hubiera emigrado como mis primos. Aquí fue muy difícil criar a mis hijos, aunque no me quejo que yo tuve tierra pasa sembrar y casa”. 

Su casa, a escasos 200 metros de la mía, es la de una familia buenísima y tan unida, que me dan envidia sana. Sus hijos, -aunque mayores que los míos,- son sus mejores amigos. Siempre su casa fue la nuestra y viceversa.

Pero, amén de todas las vivencias que tuvimos –que no fueron pocas– me quedo con sus enormes enseñanzas plagadas de bondad y acertada manera de entender la vida.

No me gusta escribir para parroquianos que ya no me pueden leer. Pero los que aquí quedan, sus familiares y amigos, -muchos también parroquianos-, quiero que puedan aprender a través de estas torpes líneas de Periodista de Pueblo –con calle, pero de Pueblo– la filosofía del Nene de Fíos, que es bien sencilla y se puede definir con una palabra: BONDAD.

Siempre que una persona fallece, en las pompas fúnebres (nunca me gustaron y por ello salvo en este especial caso, no acudo a ellas), se escuchan cosas no consonantes con la realidad. “Qué bueno era, tenía que seguir viviendo, menuda pena, era fenomenal”,  en la mayoría de los casos son frases hechas para quedar bien con la familia del finado. En este caso, esas y muchísimas más acepciones, son la pura realidad.

Por un lado me da pena no poder seguir aprendiendo de él, pero por otro, a pesar de mi gran pena, me alegro, porque sé que aunque estaba rodeado del inmenso cariño de los suyos, ya no podía ni dar un paseín, ni arreglar cosines en el prado de al lado de su casa.

Concluyo con una preciosa cosa que escribió mi hijo mayor, que define exactamente lo que era El Nene de Fíos y su estado emocional al enterarse de tan tristísima noticia:

 “Hoy es un día muy triste para mi. Por la mañana me confirman la muerte de uno de los mejores paisanos que he conocido en mi vida, padre de mis mejores amigos y, sobre todo, un paisano de verdad, de los que no deberían faltar nunca. Lo dicho: estoy muy jodido, y solo se que este buen hombre descansó.

Egoístamente me hubiera gustado tardase muchos mas años, el Nene de Fíos, como lo conocía todo el mundo, nos ha dejado. Pero si ese Dios existe, seguro que le tiene en un altar especial, pues poca o muy poca gente puede ser tan buena como él. Lo dicho, estoy muy mal, pero así es de cabrona esta vida.”

 

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