domingo. 02.10.2022

Una amiga me enviaba hace unos días un enlace con el programa “En la caja” de Risto Mejide. El polémico y controvertido publicista analizaba FEMEN, un grupo feminista radical que lucha contra las dictaduras, religiones y la industria del sexo. Son esas chicas que utilizan su cuerpo desnudo como soporte para sus reivindicaciones. Probablemente las recuerden enseñando las tetas en el Congreso en señal de protesta contra la Ley del Aborto.

“Me acordé te ti cuando lo vi”, comentaba mi amiga. Hace escasos días Facebook censuró mi foto de perfil. Mostraba una instantánea de dos miembros de FEMEN defecando y menstruando sobre la bandera del Estado Islámico. Tal vez sea una imagen demasiado escatológica -algunos dicen que es incluso desagradable- pero me parecía una expresión muy artística y descriptiva de lo que muchas pensamos sobre los fascistas musulmanes del Estado Islámico.

En esa foto aparecía Alia Magda mostrando sus genitales. Magda es una feminista egipcia que fue obligada a vestir velo hasta los 14 años. Posteriormente se proclamó atea, abandonó su familia y se fue a vivir con su pareja (que ha estado en prisión durante tres años por delitos contra la religión). La activista egipcia está siendo víctima de una brutal persecución.

En el programa de Risto Mejide aparecía una de las cabezas visibles de FEMEN, Inna Shevchenko. La ucraniana fue secuestrada y torturada durante 24 horas, junto con otras dos activistas, tras una protesta contra la dictadura de Lukashenko, presidente de Bielorrusia. Tuvo que abandonar Ucrania con lo puesto tras derribar una cruz católica erigida en honor a los millones de católicos del Este que fueron víctimas de la persecución soviética. Ha recibido asilo político en Francia.

Pues bien, me encantan muchas cosas de FEMEN y aborrezco algunas otras. Pero lo cierto es que reconozco y admiro su valentía y, sobre todo, su coherencia. Son feministas. En eso consiste defender a la mujer. No en lo que muchas fantoches nos intentan vender. Leo por el ciberespacio comentarios de algunas “plantas trepadoras”, que diría mi amigo Borja Márquez, de la política en la Comarca. Se autoproclaman feministas y señalan con el dedo al Gobierno de Syriza por no incluir una sola mujer en su Ejecutivo. Conste que no creo en la paridad -quiero que me representen los mejores, independientemente de su género- pero me resulta insultante que Tsipras no encuentre una sola mujer en toda Grecia que destaque en su sector y sea capaz de asumir una cartera ministerial. Vamos, que estoy de acuerdo con las trepadoras.

Pero, porque evidentemente existe un “pero”, no alcanzo a entender cómo estos arbustos de la Comarca (que son matorral puro) no tienen los ovarios de condenar la prueba del pañuelo a la que se somete a las mujeres gitanas aquí, en España. Guardan silencio también frente al trato que recibe la mujer musulmana, que tiene que cubrir su cabeza porque los hombres no saben controlarse. Callan cuando una chica es condenada a recibir 90 latigazos por haber sido violada. Esto, queridos lectores, no es feminismo. Feministas son las de FEMEN, que arriesgan su vida defendiendo unos valores. Estas son mujeres cobardes, trepas y temerosas de expresar sus propias convicciones. Y es que manifestaciones políticamente incorrectas pueden costar el puestín y, lo que es peor, el sueldín. Es lo que tiene servir para poco, que te conviertes en vasalla de un partido político y/o sus representantes.

 

Syriza, feminismo y plantas trepadoras
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