Debe de hacer casi cuarenta años que un nutrido grupo de vecinos de de Noreña se cita en Navidad, en La Cuadra, para entonar villancicos, y este año nadie faltó a la cita, que se adelantó 30 minutos de su horario habitual por incicación del regente del establecimiento el amigo Rober.
La directora del evento, la profesora María José Roces revisaba las voces aprovechables, entre ellas las féminas de la familia Reguero, todas ellas reconocidas musicologas; el matrimonio más veterano entre la concurrencia, Fonseca y Velasco esperaban impacientes; el grupo de peperos, con Estefanía Suárez de vicetiple y Ascanio en los bajos, sumándose al doctor Ramón Lebrato, otro con plaza fija en el esperado concierto.
Azucena, del Hogar del Jubilado, intentando cobrar las papeletas premiadas en la lotería y el presidente del equipo local de baloncesto, Jesús, bien rodeado de la gente de su equipo, incluida la delegación de El Berrón, con Ramón y Saturno a la cabeza.
No faltó Loli Nachón, bien acompañada de su hija y amigas, que revisaba la partitura, al igual que la familia numerosa del pionero en este concierto, Jesús Cuesta Garcia, con el benjamín de la familia, Moisés, de primer espada. Se notó la ausencia de la viuda, Violeta, aquejada de un infortunado catarro.
Abel, el solista del coro Santa Apolonia de Pañeda, aquejado de catarro, cantaba por lo bajini en cuanto Maria José dio los primeros acordes, pero estuvo todo muy bien, la voces acopladas, sonando por encima de los y las que no pueden callarse, pero que son los primeros en ocupar el local.
Abrió el acto un grupo de músicos juveniles de la Banda de Noreña, que acostumbran a pasar "la gorra" una vez finalizada su breve actuación, dinero que les viene muy bien para los numerosos gastos que la entidad acarrea.
Un actuación con nombre propio en el calendario cultural noreñense.