Los Reyes Magos de Ruenes

En Ruenes, desde hace casi 10 años, los Reyes Magos dejan los mismos regalos a vecinos que a vecinas.
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photo_camera Carmen Gómez con el regalo, aún sin abrir, que le dejaron los Reyes Magos, como al resto de vecinos, colgado en la puerta de casa.

Cuando hablamos de los Reyes Magos los asociamos con sus destinatarios por excelencia: los niños. En Ruenes (Peñamellera Alta) sus Majestades de Oriente, por supuesto que no se olvidan de ellos. La mayoría de sus presentes, sin embargo, van destinados a las personas mayores, que son casi toda su vecindad. Muchas, además, viven solas. Esos vecinos y esas vecinas de edad avanzada fueron aquellos niños y niñas que, hace décadas y en escuelas separadas, estudiaron sus primeras letras en este pueblín asentado en la ladera sur de la Sierra del Cuera.

Llegaron a ser más de una treintena en cada una de aquellas dos escuelinas que, además, estaban alejadas una de la otra. La de niñas, que aún se utiliza como centro social, se ubicaba en una pequeña plaza próxima a la bolera, en mitad del pueblo. La de los críos quedaba al pie de la iglesia, más alejada de las casas. Ahora en Ruenes toda su población no llega a los sesenta habitantes. Entre ellos sólo hay cinco niños. Esos críos, todos de la misma familia, disfrutaron de lo lindo con los regalos de los Reyes Magos. Parte de ellos se los dejaron dentro de casa. El resto, al igual que los de sus padres y los demás vecinos, aparecieron de forma misteriosa a la puerta de sus domicilios. Los disfrutó todo el mundo. Unos desde bien temprano. Otros, como Carmen Gómez, que no madrugó porque andaba algo acatarrada, se topó con su regalo a media mañana al abrir la puerta. Desenvolvió emocionada el presente y se encontró con un pañuelo al que encontró utilidad de inmediato. «Me viene muy bien para cuando voy a misa o al médico», confesó emocionada y con un sonrisa. En Ruenes, desde hace casi 10 años, los Reyes Magos dejan los mismos regalos a vecinos que a vecinas. Sin distingos. A ellas este año les tocó, como ya hemos dicho, un pañuelo. A los paisanos, un frasco de colonia. ¡Cómo no agradecerlo! Carmen echaba la vista atrás y recordaba que de niña, en aquellos tiempos de estrecheces, había pocos regalos que abrir la mañana del día de Reyes. Estos de ahora son modestos, sencillinos, un detallín; pero vaya si prestan, reconocían los vecinos. Igual no tiene mérito porque ya sabemos que son magos, pero es que además, en Ruenes, Melchor, Gaspar y Baltasar no se olvidan de nadie. Estén o no en casa, todos los vecinos reciben un regalo a su nombre.

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Así se encuentran los vecinos de Ruenes, sus regalos, cada mañana de 6 de enero.

El 6 de enero, ya por la tarde, los vecinos tienen por costumbre reunirse para merendar juntos a base de chocolate caliente y roscón de Reyes. La merienda se celebró en la antigua escuela de las niñas, donde habían instalado un Belén. Viendo el protagonismo que en ese Nacimiento tenían Melchor, Gaspar y Baltasar, casi sus únicas figuras junto a las del Niño Jesús, la Virgen y San José, acompañados de la mula y el buey; está claro lo mucho que quieren en Ruenes a los Reyes Magos.