Debe ser la de San Román, en Amieva, una de las parroquias eclesiásticas más pequeñas de toda Asturias. Abarca tan sólo el pueblín que le da nombre y la casa de La Llana. Ahora mismo apenas son nueve habitantes. Tienen como emblema su pequeña iglesia parroquial, en cuyo campo se levanta un texu, en realidad una texa como matizan los vecinos, y un minúsculo camposanto, como corresponde a las dimensiones de la parroquia.
Pues esa iglesia, que se remonta al siglo XII y atesora elementos románicos, lleva casi una década con su cabecera apuntalada a fin de evitar que se venga abajo la bóveda de cañón que la cubre. Una enorme grieta, visible desde el exterior, la recorre y la amenaza. Para los vecinos reparar su iglesia es algo fundamental, prioritario. En su día, ayudados por un albañil, ya trabajaron para reparar y retejar la cubierta, una obra que acometieron en varias sestaferias. El arzobispado, propietario del inmueble, pagó los materiales a fin de que aquella obra se pudiese ejecutar.
Nuestros pueblos se vacían, pero su patrimonio arquitectónico exige y merece atención.
Actuar en la cabecera se antoja en estos momentos como algo urgente. Por más que al año apenas haya más celebraciones religiosas en San Román que el día de su fiesta patronal o algún entierro, ver así su templo parroquial no es de recibo. El retablo y el altar, a fin de evitar un posible accidente si la cabecera llegase a colapsar, han tenido que trasladarse a la nave central de esta iglesia incluida hace años en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias. La consejería de Cultura concedió recientemente al Arzobispado una subvención de 15.000 euros para ejecutar las obras de conservación. Desde la Iglesia asturiana confían en que la actuación pueda llevarse a cabo este año. Que así sea.
Al fondo se ven los puntales que sostienen la bóbeda de cañón de la cabecera.
Nuestros pueblos se vacían, pero su patrimonio arquitectónico exige y merece atención. Por muchas razones. En primer lugar, y por pequeña que sea la comunidad vecinal donde se asienta, por su valor identitario y sentimental. Tampoco podemos obviar su perspectiva cultural que lleva asociada el papel que los edificios históricos tienen como recursos turísticos y dinamizadores del territorio. Hablamos de un concejo, el de Amieva, con paisajes y rincones de singular belleza, uno de ellos la iglesia de San Román, en cuyo campo sus vecinos jugaban a los bolos y que es parada habitual de los montañeros que por allí se acercan. Como complemento a la reparación de la iglesia, no estaría de más mantener limpio el camino que comunica San Román con Cién. Bien atendido y señalizado, al igual que debería hacerse con toda la red caminera del concejo, podría contribuir a hacer de Amieva, uno de los concejos que forman parte del Parque Nacional de los Picos de Europa y, por tanto Reserva de la Biosfera, un destino senderista de primera.