De la cocina de Casa Pedro a montar un economato en Valencia a favor de los afectados por la DANA

Así está siendo el periplo de Christian, Borja, José Manuel y Pablo
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«Todavía no he podido cocinar», nos contaba Christian de Diego, cocinero de Casa Pedro, «solo he tocado las cebollas para descargarlas». La conversación tiene lugar por teléfono mientras él está en Valencia, donde acudió junto a otros vecinos de Cangas de Onís y Parres para ayudar a los afectados de la DANA. Y el motivo por el que todavía no se ha puesto al frente de los fogones, curioso: está organizando, junto a un voluntario valenciano y otro cangués -Pablo Rodríguez- un economato para recepcionar y distribuir correctamente todas las donaciones que llegan.

El lugar al que se dirigieron Christian, Borja, José Manuel y Pablo es una cocina en La Rambleta, en pleno corazón de Valencia -«el mejor sitio posible para distribuir la comida porque tenemos a mano todos los puentes que comunican con la zona afectada»-. Un espacio de cocina en el que se están preparando diariamente entre 2 500 y 3 000 raciones de comida, que se distribuyen a través de voluntarios para llegar a los afectados por la DANA. Una cantidad que, a partir de hoy, podría duplicarse ya que las personas que integran esta iniciativa han conseguido otro espacio de cocina a 30 kilómetros de la capital «que nos va a venir genial para cubrir parte de la zona más dañada por la DANA».

Con este nuevo espacio, podremos sacar en torno a 7 000 raciones diarias

Sin embargo y una vez sobre el terreno, las necesidades han encauzado a este grupo de cangueses y parragueses hacia otro lado. «Esta gente lo tiene todo muy bien organizado y son muy serios», contaba a EL FIELATO Y EL NORA Christian, «por eso cuando llegamos y nos contaron el tema del economato, nos metimos a tope». El motivo no deja de dar cuenta del largo recorrido que le queda por delante a Valencia: «El economato permitirá organizar toda la comida y, sobre todo, distribuirla correctamente para quien lo necesita tanto a través de los voluntarios que se organizan en la planta superior del edificio, como para cocinar o para enviar directamente a las zonas que lo precisen».

El miedo que tienen aquí es que, dentro de dos meses, nadie se acuerde de lo que ha pasado. Por eso queremos dejarlo organizado para que haya una continuidad y que esto no pare

Resulta inevitable no preguntarle a Christian por lo que está viviendo, y lo que cuenta define la situación. «La ciudad es una auténtica locura, tengo metido el sonido de las ambulancias en los oídos», nos cuenta, «no paran de pasar, y pasan 10 seguidas». «Es increíble lo que hay aquí: Policía de Madrid, UME, el ejército por medio de la ciudad», dice Christian, «no hay nadie que lleve los pies limpios, ni un coche que pase sin barro».

 

Y así, mientras hablábamos, en esa cocina que tiene poco de improvisada salían raciones de crema de verduras, fabada o carne guisada con dirección a la Mancomunidad d´Horta Sud con la colaboración de más de 20 voluntarios que nada tienen que ver con la cocina pero que, desde hace unos días, acuden cada día para poner su granito de arena como pueden: pelando y cortando verduras, envasando en tuppers o, como estos vecinos de Cangas de Onís y Parres, organizando el material para que todos esos pocos que forman un mucho cumplan con su función solidaria.