Hija de gallego y vallisoletana, María José García es ovetense de las de toda la vida. Profesora de Educación Física en el Colegio público Lugo de Llanera, atesora una vida intensa y llena de experiencias pese a su juventud. Apasionada por el deporte desde bien niña, sus padres la inscribieron en un cursillo de natación con pocos meses de edad y, desde allí, este deporte la acompañó durante toda su juventud: «Siempre competí en natación, aunque nunca le hice ascos a ningún deporte, ¿Que había gimnasia rítmica en el colegio? Ahí me apuntaba; atletismo, judo, karate, voleibol... mi madre me apuntó a equitación y hubo un momento en que mi vida era la natación de competición y montar a caballo».
Con María José se repitió esa historia que tantas veces hemos oído, alguno incluso la habrá vivido, cuando llegan los 15 o 16 años y tus amigos hacen cosas distintas mientras tú entrenas y compites mañana y tarde: «Veía a mis amigas salir a cenar, a divertirse y yo me dije: ¡se acabó! ¡estoy harta! Lo dejé todo –la verdad es que el cabreo me duró un mes– y volví. Pero lo cierto es que recuperar la rutina de los entrenamientos de natación no me llamaba. Lo que sí me apasionaba eran las rutinas de gimnasio, los ejercicios, hacer abdominales... eso sí me gustaba».
En el campeonato del mundo de Portugal, en 2023,
donde fue subcampeona del mundo.
María José abandonó la competición y empezó a probar el mundo del aerobic, del gimnasio, las mancuernas, los aparatos: «Me volqué con aquello en cuerpo y alma. Lo compatibilizaba con mis estudios de INEF, los cursos de entrenadora personal y debía ser que no lo hacía tan mal cuando, un día, el presidente de la Federación Asturiana – Asociación Asturiana de Físico-Culturismo y Fitness– Roberto Fernández, se acercó a mí y me propuso competir como culturista». Y el resto, es historia.
Campeona de Asturias (Categoría bikini fitness); representante de la Selección Española en el Campeonato de Europa. (Categoría bikini fitness); campeona Absoluta, Campeonato de España (Categorías wellness); cuarta clasificada en el Campeonato del Mundo (Categorías wellness) o subcampeona en el Campeonato del Mundo IFBB (Categoría wellness Elite PRO) son sólo algunos de sus triunfos en estos años de competición: «Yo compito en categoría wellness, donde lo que más se valora es un desarrollo muscular importante, sobre todo el tren inferior, piernas, glúteos, pero manteniendo la feminidad, manteniendo la elegancia».
No es fácil llegar a ese nivel. Tras todo ello hay muchas horas de esfuerzo y sacrificio: «No es la categoría máxima de máximo desarrollo femenino. Detrás de un culturista hay muchos meses de entrenamientos de locura, muy muy duros y de una dieta muy exigente, Afortunadamente, el mundo de la nutrición ha avanzado mucho. La gente piensa que estamos todo el día a pollo y arroz, pero, aunque no sea así, las dietas son muy estrictas y exigentes».
Todo ello, aparte de proporcionarte un cuerpo digno de competición, proporciona «un autocontrol bestial, una confianza en ti mismo increíble. Cuando se acaba la competición y te bajas de la tarima, si lo has hecho bien, tu forma de ser evoluciona para mejor. Es como si hubieras superado un problema grave, porque has pasado por todas las fases y las has ido superando. Y te dices: “oye, si he sido capaz de esto, que me echen lo que quieran”».
Graduada en INEF, Nutrición Humana y Dietética, Sociología y Magisterio, María José es un ejemplo para sus alumnos y alumnas del CP Lugo de Llanera –algunas de ellas la adoran con devoción– y aconseja la práctica del culturismo sin dudarlo: «No para vivir de ello –yo gané 2.000 euros por quedar subcampeona del mundo– sino por la disciplina que te proporciona, la rutina del gimnasio, el cuidar la alimentación al extremo, a nivel de salud lo recomendaría con los ojos cerrados. Y, si no es el culturismo, cualquier otra disciplina deportiva. El caso es que hagan deporte».