El músico sevillano regaló a los asistentes su particular visión de cómo sentir la música

El bajista Fernando Lamadrid sienta cátedra en la Escuela municipal de música de Llanera

Las actividades culturales no se detienen en Llanera. Uno de los acontecimientos destacados dentro del programa para este mes de noviembre era el encuentro –me niego a denominarla como masterclass– que el bajista sevillano Fernando Lamadrid  y su bajo Fender mantendrían con músicos, en el entorno del Espacio escénico Plaza La Habana de Posada de Llanera. Al mismo acudieron un importante número de músicos de todas las disciplinas y, como no podía ser de otra manera, profesores y alumnos de la Escuela Municipal de Música de Llanera.

Fernando Lamadrid es uno de los bajistas más influyentes del panorama musical actual. Autodidacta, curioso y con un con un sistema de aprendizaje basado en el constante cuestionamiento del porqué de los sonidos y los sentimientos que producen en uno mismo al interpretarlos, se arrima a cualquier estilo musical, desde el funk hasta el soul, incluso como acompañante de un cantante de rap, aunque su pasión por la improvisación le llevó a adentrarse por los caminos del jazz: «Un tipo de música que no es tan accesible ya que ni hay jazz en la radio ni en la televisión. La gente joven que se empiece a interesar por la música lo habrán oído, con suerte, si sus padres son músicos o escuchan buena música en su casa, pero no es el estilo con el que están creciendo».

La improvisación, el uso de herramientas para desarrollar un buen oído y su experiencia como músico autodidacta fue el núcleo principal de una tarde de música, para músicos consagrados, en ciernes y frustrados: «A la improvisación los músicos suelen tenerle miedo. Hay que tener oído musical y una formación para ser capaz de exponerte y expresarte en tiempo real. El problema es que cualquier error te puede llevar a romper el lenguaje de ese momento y la conversación musical que estás manteniendo con el público. Ese es el peligro y lo que da miedo. Aunque,  por otro lado, pienso que debería ser tan natural como hablar».

Pregunta de periodista musical forjado en los 80, pregunta viejuna: ¿El improvisador nace o se hace? –esa no la visteis venir–: «Yo creo que el improvisador se hace. Otro tema es el don que tenga cada persona: si estás tocado por la varita, el camino de aprendizaje será mucho más sencillo y vas a ser un improvisador muy bueno de manera muy fácil. Pero también pienso que las personas que tengan poca facilidad pueden tardar un poco más en aprenderlo, pero pueden conseguirlo».