Baldomero Gutiérrez Huerta es de Laviana y a los 10 años empezó a estudiar música con Nacho Alonso – «de aquella no había escuelas e iba a estudiar con él a su casa» – y después empezó a tocar en la Banda de música de Laviana –«ahí ya empecé con la flauta y el saxofón» – para, posteriormente, ingresar en el Conservatorio del Valle del Nalón y acabar sus estudios superiores en el Conservatorio de Oviedo. Mientras estudiaba, tocó en orquetas como la Principado, en grupos folk, como Amagüestu y lleva como profesor de la Escuela de música de Llanera desde el año 1997.
«Al principio el grupo no era una Big Band porque en la época tampoco había en la Escuela todos los instrumentistas necesarios. Empecé a juntar músicos que tocaban el clarinete, la flauta, el saxo, guitarra y tocábamos temas clásicos. Un día se me ocurrió hacer un arreglo de un tema de jazz, y gustó. Así que decidí seguir por ese camino».
Y el camino lleva ya 20 años despejado y con el pavimento firme, mostrando a las generaciones más jóvenes una puerta de entrada más amable al mundo del jazz, transitando antes por los mundos de Duke Ellington, Count Basie o Glen Miller, vías que nos llevarán ineludiblemente a realidades más complejas como las de Thelonius, Miles, Mingus o Coltrane, entre otros cientos.
Desde aquella primera hasta la actualidad, la Big Band de Llanera lleva tocados más de cien conciertos, en Asturias y fuera de nuestra región y han pasado por sus filas más de un centenar de alumnos de la Escuela: «la formación ha ido cambiando con el tiempo, entrando y saliendo gente. En estos veinte años no hemos dejado de tocar, ni siquiera en la época de la pandemia donde hicimos montajes tocando cada uno desde su casa. Ahora somos unos 30 músicos y, salvo la trompeta y el trombón, los demás instrumentos se estudian en la escuela».
Tocar en una formación de estas características no es sencillo, aunque es posible llegar a ello sin necesidad de ser un profesional del instrumento. En la actualidad, la formación la componen músicos de todas las edades, desde la adolescencia hasta los más veteranos, pasados ya los 70: «en principio, los músicos empiezan conmigo y, cuando los veo que ya tienen cierto nivel, les meto en el grupo. La Big Band sirve también como elemento motivacional para los estudiantes, llegar a tocar en ella. Si tengo algún alumno que sabe tocar dos o tres canciones bien, los llevo a tocar, para que lo disfruten. A mí lo que me importa es que disfruten de la música, de que la compartan y la vivan. Ese es uno de los éxitos de la formación y una de las explicaciones de por qué llevamos tantos años juntos: el buen ambiente y la unión que hay entre nosotros».
Quizá usted no tenga alma de músico de jazz ni piense que pueda llevar a buen término el Take de “A” train, el In the mood o el Take Five, en la imprescindible versión de Dave Brubeck, pero quizá tenga tiempo para pasarse por la Casa de la Cultura de Posada de Llanera para ver la exposición que, con motivo de las dos décadas de vida de la Big Band de Llanera, se ha preparado a tal efecto. Nunca es tarde si la música es buena.