Parece que remite. Al menos esa es la impresión que da al visitar los negocios de la zona baja de Pruvia que desde hace una semana padecen una plaga de moscas. En los techos aun cuelgan, sin un milímetro de espacio para una mosca más «las tiras de toda la vida, las que usaban los “güelos” en las cuadras». Es lo único que ha funcionado. Bueno: las tiras y el matamoscas eléctrico que los empleados de la empresa Climastar exprimieron hasta que el aparato no dio para más. Todo tipo de remedios, desde los químicos a las plantas que repelen insectos: «si me dicen que hay que pintar los árboles de amarillo para que se vayan, los pinto» aseguraba, Fran García, propietario del Llagar El Güelu, uno de los más afectados por la plaga.
«Llevamos casi quince días con esto- aseguran Eugenia Alvar-González, Vanesa Soriano y Adrián Llana de la empresa Climastar- y está todo afectado. En los colegios de la zona estaban desesperados por los críos pequeños que duermen la siesta allí. En cualquiera de los negocios o de los vecinos de la zona a los que les preguntes te dirán lo mismo: ha sido horrible». Las teorías sobre la procedencia de la plaga, muchas, pero ninguna confirmada. Miembros del SEPRONA y técnicos del Principado de Asturias batieron la zona intentando encontrar el foco, pero la búsqueda no ha dado frutos: «hay que concienciar a la gente. Este año no se han visto bandadas de estorninos en la zona, que ayudan a eliminar las moscas. Ni golondrinas ni vencejos. La gente no quiere los nidos de las golondrinas porque ensucian mucho pero no nos damos cuenta de lo que nos ayudan hasta que pasan cosas como esta», comenta Fran García mientras muestra unos nidos artificiales que colgará en la fachada de su negocio para que aniden las golondrinas.
Jeanette López y Jaime García relatan lo que ha sido trabajar en el almacén del Climastar durante estos días: «era imposible: estaban en las mesas, por encima de las cajas, en la oficina. No había manera de que desapareciera, un usando spray matamoscas». Alfonso Roquero y José Eugenio García, de la empresa COFAS, también contaban su experiencia: «las cosas parece que van mejorando, pero estos días pasados había bastantes. Por el tipo de negocio, nosotros llevamos a rajatabla todo el tema de control de plagas. No sabemos de dónde han venido, pero hubo días que estaban las ventanas llenas de ellas».
Marco Navarro, del Restaurante Tres Hermanos, se une al relato de la experiencia que han vivido todos los afectados de la zona: «ahora no hay muchas ya, pero tuvimos el bar apestado de ellas. El miércoles por la tarde fue el “acabose”. Se hablaba de que alguien había echado algas para abonar o purines. Yo no he visto nada. Eso se hacía antes pero ahora todo eso está muy controlado. Puede que sea de algún desagüe o alguna fosa séptica que haya roto: pero ni idea, puede ser cualquier cosa».
El Llagar El Güelu quizá fue uno de los más afectados por el tipo de negocio: «desde la semana pasada notamos que había más moscas de lo habitual. Llamamos a la empresa que nos hace habitualmente el control de plagas y empezaron a fumigar. Como no se quitaban, llamamos a otra empresa, pero esto se descontroló. Dimos parte al ayuntamiento, llamamos al SEPRONA y los técnicos de Calidad ambiental del Principado estuvieron conmigo el martes toda la tarde, hasta las nueve y media de la noche pateando todos los “praos” de la zona, saltando de un lado para otro intentando encontrar el foco. No es un tema que digan que el Principado no hizo nada: estuvieron, vinieron conmigo y se molestaron». La mosca no empezó en esta zona: fue más allá, donde el Restaurante La Corona y se está desplazando hasta aquí. Ahora parece que ya hay menos pero no sabemos si aparecerán en otra zona».