Infiesto llora la pérdida de José Antonio Peruyero, a quien despidieron en la tarde de ayer tras fallecer en el Hospital Central Universitario de Asturias (HUCA) a los 66 años. Y es que, más que un vecino, Peruyero era muy popular en la capital de Piloña no solo por haber trabajado durante años en una entidad bancaria sino, también, por ser Simón Pedro: el San Pedro de los apóstoles del Vía Crucis Viviente de Infiesto que convierte esta localidad, cada Semana Santa, en el centro de las miradas y la fe del Oriente de Asturias.
Miembro activo desde hace años de la organización que pone en marcha cada año esta representación, fue precisamente la iglesia parroquial que acoge la Última Cena la que despidió sus restos mortales en un multitudinario funeral en el que su familia se vio arropada por vecinos y amigos. Una despedida que da cuenta de su peso en una comunidad que no ha dudado en mostrar sus condolencias a través de redes sociales, ensalzando su figura de «buen hombre». Y es que José Antonio Peruyero, "Jose el del Banesto" como le llamaban muchos; lo fue. Cercano, cariñoso y comprometido; su forma de ser deja una huella entre quienes le presentaban ayer sus respetos en una despedida en la que nadie quería decir adiós.
Han sido, precisamente, sus compañeros de la organización del Vía Crucis Viviente de Infiesto quienes le han homenajeado a través de una publicación en la que se da cuenta de lo que José Antonio Peruyero ha supuesto para Piloña.
«Fuiste mucho más que un pilar del Vía Crucis Viviente de Infiestu. Fuiste corazón, fuiste entrega silenciosa, fuiste compromiso sin condiciones. Siempre ahí, en la sombra, asegurándote de que todo saliera bien, de prestar mimo a cada pequeño detalle, de que todo el mundo estuviera orgulloso de lo que mostramos, de que el Vía Crucis tuviera alma.
Tu ausencia se va a notar, Jose. Porque los que dan sin pedir nada a cambio dejan huellas profundas. Pero también sabemos que tu legado no se borra. Tu generosidad, tu espíritu incansable y tu amor por lo que hacías seguirán guiándonos.
A partir de ahora, cada Vía Crucis llevará algo tuyo. En cada paso, en cada rincón, en cada emoción compartida… estarás tú. Gracias por tanto, Jose. Gracias por darnos tanto sin pedir nada. Siempre estarás entre nosotros»
Amante de la música clásica -no faltaba a los conciertos corales en Covadonga, en el Parador de Cangas de Onís y en los encuentros corales de la Virgen de la Cueva-, también era una cara habitual en Piragües, tanto por la celebración en sí como por la parte deportiva, que seguía de cerca.