Hablar de la Comarca de la Sidra es hablar de un territorio donde la sidra no solo se bebe: se vive. Se comparte. Se celebra. Se defiende. Y, sobre todo, se convierte en un idioma común que une generaciones, pueblos y maneras de estar en el mundo. Aquí, la llamada folixa de la sidra no es un concepto turístico ni una etiqueta bonita: es una realidad cotidiana que vertebra lo social, lo cultural, lo tradicional y el ocio. Una forma de entender la vida que late en cada pumarada, en cada llagar, en cada chigre… y en cada encuentro en el que alguien alza el vaso, escancia y mira alrededor como diciendo: “Esto también es Asturias”.
Los seis concejos que componen la Comarca de la Sidra —Bimenes, Cabranes, Colunga, Nava, Sariegu y Villaviciosa— son guardianes naturales de esa identidad. No porque se hayan propuesto “conservarla”, sino porque la sidra forma parte de su pulso diario. Y esa folixa, reconocida hoy también como patrimonio cultural por la UNESCO a través de la Cultura Sidrera Asturiana, aquí se expresa con una fuerza especial: como una mezcla perfecta entre raíces y presente, entre tradición y ganas de pasarlo bien.
La sidra como ritual compartido: cuando escanciar es reunirse
En la Comarca de la Sidra, la sidra tiene algo de ceremonia. No solemne, sino profundamente humana. Escanciar no es solo una técnica: es un gesto que invita a acercarse, a esperar turno, a mirar cómo cae el chorro, a brindar. Y en esa escena tan sencilla se resume una de las claves de la folixa sidrera: la sidra es un pretexto maravilloso para encontrarse.
Ese espíritu se multiplica cuando llegan los concursos, las catas populares o las degustaciones que transforman plazas y calles en un gran punto de reunión. No se trata únicamente de escoger “la mejor sidra”, sino de poner en valor lo que hay detrás: el trabajo paciente, el orgullo del concejo, el saber heredado y la emoción de compartirlo con quien viene de fuera… o con quien vive al lado.
En ese mapa emocional, los concursos de sidra natural casera se convierten en momentos muy especiales, como ocurre en cada uno de los concejos sidreros de la Comarca, donde la sidra hecha en casa —con ese punto artesanal que la vuelve aún más auténtica— se somete a examen y se celebra como lo que es: una expresión de identidad. Y alrededor de esa sidra casera, la folixa se completa con música, cultura y ambiente de pueblo, del que no se fabrica: se siente.
Gastronomía con acento a manzana: la sidra también se come
Si hay algo que define la sidra asturiana es que nunca camina sola. La sidra pide mesa, conversación y plato compartido. Por eso, la folixa sidrera también se entiende desde el paladar: porque en la Comarca de la Sidra la gastronomía no acompaña a la sidra, dialoga con ella.
En ese sentido, hay momentos del año en los que el territorio se convierte en un gran comedor colectivo donde la sidra es ingrediente, inspiración y protagonista. Con varias jornadas gastronómicas en las que la cocina se rinde a la tradición con propuestas que elevan el concepto de “platos a la sidra” a un pequeño homenaje al paladar. La sidra se incorpora a los menús como base de recetas, como matiz aromático o como guiño contemporáneo, y el resultado es una experiencia que demuestra que el sabor también puede contar historias.
Porque la sidra es cultura líquida, sí, pero también es cocina. Y esa mezcla —la de lo festivo con lo gastronómico— es una de las razones por las que tanta gente vuelve una y otra vez: porque aquí se viene a probar, pero también a recordar.
Naturaleza en flor, raíces en pie: cuando el paisaje también celebra
Hay un momento del año en el que la Comarca de la Sidra se vuelve casi irreal: cuando la floración del manzano estalla y las pumaradas se visten de blanco y rosa. No es solo belleza, es símbolo. Es origen. Es memoria. Y también es futuro.
La floración del manzano se vive como un espectáculo natural, pero en este territorio se acompaña además de propuestas que permiten comprender todo lo que hay detrás de ese paisaje. Porque mirar una pumarada en flor es emocionante, pero entender su importancia cultural lo es todavía más. Por eso, cuando llega la Semana de la Floración del Manzano, la experiencia se completa con visitas, actividades, encuentros y una invitación clara: sumergirse de lleno en lo que significa la sidra en Asturias.
Es también un tiempo perfecto para acercarse a los llagares, conocer el proceso, escuchar cómo se habla de la manzana con respeto casi familiar y entender que aquí la sidra no se improvisa: se trabaja durante meses, se cuida durante años y se celebra durante generaciones. Y en esa mezcla de paisaje, tradición y orgullo local, la folixa sidrera encuentra una de sus expresiones más completas.
Las calles como escenario: festivales que transforman pueblos en celebración
Si la sidra es encuentro, los festivales son su versión más expansiva. Cuando llega el verano, la Comarca de la Sidra se llena de vida y la folixa se hace visible en calles, plazas, rutas festivas y eventos que convierten cada concejo en una invitación abierta.
En Nava, el Festival de la Sidra, declarado fiesta de interés turístico nacional, es mucho más que una fecha marcada en el calendario: es un acontecimiento que transforma el municipio en un hervidero de cultura sidrera. Charlas, exposiciones, concursos de escanciadores, degustaciones… y ese ambiente de celebración que convierte cada rincón en una excusa para brindar. La sidra sale a la calle, se comparte sin prisa, y la capital sidrera demuestra por qué su nombre va unido, de forma natural, a esta identidad.
Y cuando el verano avanza, Villaviciosa toma el relevo, con una fiesta que cierra la temporada estival: con calles llenas, sidra escanciada en compañía y una propuesta pensada para todos los públicos. Porque la folixa sidrera no entiende de edades: se vive en familia, con amigos, con vecinos y con quien llega por primera vez y descubre que aquí la sidra es, también, una forma de bienvenida.
Sidra en los chigres: cantos, barra y esa alegría que no se ensaya
Pero si hay un lugar donde la folixa sidrera se vive de manera permanente, más allá de las grandes citas, es en las sidrerías. En los chigres de toda la Comarca —en Bimenes, Cabranes, Colunga, Nava, Sariegu y Villaviciosa— la sidra es rutina feliz: un gesto diario que se convierte en plan sin necesidad de anunciarse.
En esos espacios, el ambiente sidrero se contagia. La gente entra, saluda, pide una botella, y el tiempo empieza a ir más despacio. A veces se habla, a veces se ríe, a veces se discute de lo de siempre… y a veces, sin saber muy bien cómo, alguien se arranca con los cantos de chigre y el local entero se convierte en coro improvisado. Esa es otra forma de folixa: la que no necesita escenario, porque lo crea.
Y es también en este contexto donde los concursos de escanciadores, repartidos por la comarca en distintos momentos y localidades, adquieren un valor especial: porque no son solo competición, sino una manera de mantener viva la destreza, el orgullo y la emoción de escanciar bien. En los seis concejos sidreros, estas citas forman parte del pulso cultural que alimenta el objetivo común: elevar al mejor escanciador… y, de paso, celebrar lo que somos.
Fiestas de prao: la sidra como banda sonora del verano asturiano
Hay otra realidad indiscutible: la sidra es inseparable de las fiestas de prao. Y en la Comarca de la Sidra, donde el calendario festivo es generoso y diverso, esa presencia se multiplica. Decenas de celebraciones locales —grandes o pequeñas, conocidas o íntimas— encuentran en la sidra su hilo conductor, su banda sonora y su punto de encuentro.
Porque la sidra está en la mesa, pero también en la barra. Está en el primer brindis de la tarde y en el último vaso de la noche. Está en la conversación tranquila y en el baile con hierba en las botas. Y eso hace que la folixa sidrera sea, también, un concepto profundamente ligado al ocio: al disfrute de estar fuera, de compartir espacio, de vivir el pueblo con intensidad.
En ese sentido, la Comarca de la Sidra no necesita explicar su relación con la sidra: la muestra. La pone en escena cada semana, cada temporada, cada celebración.
La manzana como orgullo: cuando el fruto también es fiesta
Y si la sidra es el resultado, la manzana es el origen. Por eso, la folixa sidrera tiene también un capítulo dedicado al fruto que lo hace posible. En Villaviciosa, reconocida como capital manzanera de España, esa relación se celebra, los años impares, con fuerza en el Festival de la Manzana, declarado fiesta de interés turístico de Asturias, que convierte la manzana en protagonista absoluta a través de propuestas culturales, técnicas, gastronómicas y de ocio.
Es un evento que demuestra que el mundo sidrero no se limita a lo que ocurre en el vaso: se extiende a la tierra, al conocimiento, a la tradición agrícola y al orgullo de un territorio que sabe lo que tiene. Y esa es, quizá, la mejor definición de folixa: una alegría que no olvida de dónde viene.
Porque la folixa de la sidra, en la Comarca de la Sidra, es la suma de todo esto: naturaleza, gastronomía, cultura, calle, chigre, fiesta y memoria. Una celebración que no se reduce a siete citas imprescindibles, aunque las tenga, sino que se reparte a lo largo del año y se cuela en la vida diaria como una forma de estar en el mundo.
Aquí, la sidra no es solo sidra. Es identidad compartida. Y por eso, quien viene una vez, casi siempre vuelve.