Dicen que la fe mueve montañas pero, en el caso de los más de 60 jóvenes madrileños que trabajan desde el pasado día 13 de julio en distintos puntos de Cabrales, también mueve bancos, emplasta paredes, cava zanjas o lija vigas. No son turistas ni la suya es una visita al uso. Es más: muchos de ellos no habían estado nunca antes en Cabrales y ni siquiera en Asturias.
Los que sí conocen la zona es porque ya han venido a este mismo campo de trabajo «el año pasado o, incluso, los hay que tripiten y llevan viniendo tres años seguidos», asegura Guillermo de la Calle, docente de esta Universidad. De nuevas o repitiendo experiencia, todos tienen claro su cometido: han venido hasta aquí con una misión que, aunque es aparentemente práctica, responde a una inquietud religiosa.
Este grupo que conjuga tanto estudiantes como licenciados de Psicología, Medicina, Farmacia, ingenierías varias o Periodismo, entre otras disciplinas, además de personal de administración y servicios de la Universidad CEU San Pablo de Madrid estará hasta el próximo 23 de julio contribuyendo en los trabajos de reparación de la Iglesia de San Roque, en Hortigueru; y de la Iglesia de Santa Eulalia, en Puertas. «Por el camino estamos trabajando también en la Capilla de Las Nieves», nos cuenta el sacerdote Daniel Rojo, promotor de esta singular historia. «No estaba previsto pero dos vecinos, Javier y Álvaro, han donado los materiales y la piedra así que aquí estamos», cuenta a EL FIELATO mientras allana la solera que da entrada al templo.
Es precisamente él, Daniel Rojo, capellán de esta universidad en el campus de Montepríncipe, quien ha puesto en marcha este singular proyecto que, bajo el nombre "Piedras que dan vida", lleva tres años enrolando por voluntad propia a diferentes jóvenes para venir a Cabrales a contribuir en las comunidades rurales. La elección del concejo no es casual: Rojo es de Pandiellu y, para más INRI, sobrino del párroco, Pedro Fernández. «En medio de un mundo que está muy despistado, y donde estos valores escasean, es un milagro que un grupo como este esté aquí trabajando gratis y por amor», aseguraba éste último, que no podía disimular la satisfacción que le producía ver su parroquia llena de andamios.
Es una maravilla de proyecto. Están haciendo una labor encomiable y dentro de sus vacaciones
El objetivo: contribuir a recuperar el patrimonio religioso de los pueblos
«A partir del proyecto del padre Daniel Rojo, que propone colaborar con la Iglesia vaciada, nos pusimos al servicio de las comunidades de Asturias para acondicionar, rehabilitar y acompañar iglesias que necesitan reparaciones y en las que no había gente joven», nos contaba Elena Cebrián, docente del centro universitario. El "ora et labora" se ve enriquecido con una toma de contacto directa con las localidades en las que están y muchas más cosas. «Por las tardes, hacemos encuentros con los vecinos además de otras actividades deportivas para conocer la zona», desgranaba Cebrián para compartir que en su agenda estaba participar en la misa del Carmen en Arangas o visitar Covadonga, además de «descender el río Cares o subir a Urriellu, si el tiempo nos lo permite».
Este proyecto supone que la universidad salga al encuentro de la realidad y se ponga a su servicio
Jose Sánchez, alcalde de Cabrales, observa las labores de rehabilitación que llevan a cabo este grupo de jóvenes que siguen las instrucciones de los capataces de las obras. El consistorio que lidera también colabora con estas labores «echando una mano con una partida económica para pintura hace dos años, que trabajaron en Oceño y en Póo, y este año con alrededor de 3.000 euros para materiales».
«Esto es una forma, por un lado, de que la gente conozca Cabrales; ya han visitado la Cueva del Queso, van a subir a Bulnes, a Urriellu...», relata, «y, por otra parte, todos los espacios religiosos del concejo no dejan de ser patrimonio también que, si se recuperan y se adecentan, pueden ser usados por los vecinos».
Los vecinos están encantados con ellos porque están manteniendo el patrimonio del concejo que, de otra manera, sería más complicado porque no llegaríamos a poder conseguirlo
El agradecimiento de los vecinos, parte de la experiencia
La máxima de las casi dos horas de visita en Hortigueru y Puertas es el ir y venir de vecinos. Pocos minutos antes del mediodía, llega a la Iglesia de San Roque Ángela Berribi, quien asegura que es «del Escobal aunque viva en Hortigueru». «Aquí me bautizaron, aquí hice la comunión, aquí me casé y aquí me iré para el otro mundo», nos cuenta. El motivo de su visita no es otro que «subir a los chavales un bocadín antes de comer». Un tentempié que consiste en rajas de melón que ha cortado al más puro estilo de una madre y pinchos. Ángela no puede disimular su emoción sobre el trabajo que desempeñan. «Hacía mucha falta, son unos chavales muy divertidos y muy alegres: estamos encantados con ellos», nos dice.
Ángela se ha encargado hoy pero, según nos comenta Guillermo de la Calle, «todos los días viene alguien, se organizan para hacerlo». «Ayer incluso, subieron tres vecinas a rezar el ángelus con nosotros», comenta Javier Lorenzo, coordinador del grupo de jóvenes quien además incide en que otro de los objetivos del proyecto es que «se busca concienciar sobre el mundo rural, donde no hay iglesia a la carta y cura a la carta».
La escena se repite un poco después en Puertas, donde otro grupo se esmera por arreglar el acceso al templo. «Estamos haciendo una zanja que estaba de tierra para crear una solana y poner unas placas de piedra», nos cuenta Sancho de Carlos, uno de los jóvenes que ha secundado el proyecto. Tenemos la conversación mientras prueba la empanada que les ha acercado María Victoria del Blanco Niembro, quien no duda en asegurar que «son unos chicos estupendos, esto no lo hace cualquiera». La "historia de amor" es recíproca: «Es lo mejor de aquí, la gente; no nos podemos quejar», afirma el grupo de chicos.
Un campo de trabajo con ayudas pero que cada uno sufraga
Es inevitable preguntar quién responde económicamente ante este proyecto. Y ante eso, el sacerdote Daniel Rojo nos cuenta mientras echa hormigón que los jóvenes que participan «se lo sufragan de su bolsillo para venir aquí». «Además de la ayuda del Ayuntamiento de Cabrales, el grueso del proyecto este año, como es el coste de peones y de otras cosas, lo sufraga la Fundación Airamana», cuenta sin abandonar su labor, «y la familia Cosme, de ALSA, que colabora con el transporte».
Y así nos despedimos de este grupo de jóvenes mientras lijaban las paredes del ábside de San Roque, allanaban hormigón en Las Nieves o hacían un alto en el camino a las puertas de Santa Eulalia. Dejándoles concentrados en su labor mientras compartían conversación o repartían sonrisas con los vecinos sin ser muy conscientes, quizás, de la huella que su paso deja por estas localidades donde, además de restaurar inmuebles, han devuelto un poco la ilusión a los vecinos sin darse cuenta.